miércoles, 11 de mayo de 2011

¿KINSKI ERA UN INSOPORTABLE?


Este asunto de ver cine me genera miedos; reservas acerca de cuál o tal película programo. Como lo vengo diciendo desde que iniciamos esta nueva aventura en Las Puertas: vamos a proyectar lo que no hemos visto, lo que no nos deslumbre pero sí, que valga la pena.

Intenta uno ver y ver filmes aunque el tiempo no rinda. En dvd, online, prestados y recomendados. Pero no hay tiempo ni cabeza que aguante. Y ahí van llegando las películas. Una tras otra y por referencias menos comunes que la internet. Quizás no tan buenas o tan profundas tan claves para la historia del cine... En fin, sólo dan ganas de mostrarlas...

Así, casualmente, llegó a mi vida y al cine club, el documental de este jueves: "Mi enemigo íntimo" de Werner Herzog (MAÑANA JUEVES EN "LAS PUERTAS"). No llegó por los canales académicos sobre el nuevo cine alemán o por referencias permanentes sobre uno de los más importantes directores contemporáneos. Llegó al leer una revista (El malpensante) y más exactamente una ameno relato titulado: "La ira de Dios: recuerdos de Klaus Kinski en Kolombia" escrito por Sandro Romero. Así conocí de la existencia del documental en mención y más aún, despertó en mí la necesidad de conocer intimidades de esta dupla particular de artistas. De amigos-enemigos.

Les dejó un fragmento del artículo y el link, para que se diviertan como yo, con las anécdotas entre los ídolos y los hombres del caliwood. Con la lectura del texto será más interesante la proyección de la película de mañana... ¡Y también sabremos si en realidad Kinski era un hijueputa!!!


(El malpensante - mayo 2008)

La ira de Dios

Recuerdos de Klaus Kinski en Kolombia

En 1986, una parte del film Cobra Verde fue rodada en Colombia. El protagonista de la película era un actor tan extraordinario como hijueputa; un gigante perverso y brutal que asolaba el set entre insultos y golpes. Su nombre, Klaus Kinski. Entre las incontables víctimas de sus atropellos, el director era una de las preferidas. Sandro Romero Rey, también víctima, recoge los escombros del paso del iracundo genio alemán y arma con ellos esta turbulenta memoria.

La ira de dios

Señales de vida

Para todos los que terminamos apasionándonos por el cine en los años setenta, las películas de Werner Herzog eran el territorio de la fascinación. Creo que nadie permaneció indiferente cuando llegó a nuestras pantallas la escalofriante versión de la Conquista en Aguirre, der Zorn Gottes (1972), donde un alucinado actor alemán (aún no sabíamos de nombres ni jugábamos a la caza de citas) musitaba en la mitad de la jungla, rodeado por la soledad y los micos: “Haremos historia, como otros han hecho obras de teatro”. Poco tiempo pasaría hasta que yo me pusiera a hacer asociaciones: el rubio actor de la mirada insomne era el mismo al que le encendían un fósforo en la joroba en Por unos dólares más, el inolvidable spaghetti western de Sergio Leone de 1965. El actor (rubio, o mejor, mono, demoníaco, alucinado) se llamaba Klaus Kinski.

Los años pasaron y los films de Werner Herzog se multiplicaron: vi Kaspar Hauser y Fata Morgana, vi También los enanos comenzaron pequeños y Señales de vida. En todos ellos estaba la imagen de un director que corría grandes riesgos. Grandes riesgos creativos pero, sobre todo, grandes riesgos con la vida. La vida y los límites con la muerte eran una sola cosa para Herzog. Este sentimiento lo confirmamos al ver el primer documental que se hizo sobre su obra, en el que un desquiciado Klaus Kinski insultaba sin contemplaciones a su director, llamándolo “director de enanos”. Herzog oía impasible la grabación y sonreía con cierta nostalgia. Cuando la voz de Kinski se apagaba, Herzog comentaba: “Y allí, cuando Klaus estaba completamente fuera de sí, era el momento escogido para empezar a rodar las escenas de Aguirre. Herzog había nacido en 1942 y Kinski en 1926. Cuando el joven director de 28 años decidió escogerlo para protagonizar su aventura en la selva amazónica peruana, Kinski era una estrella de incontables películas de todo tipo, en las que su figura se destacaba mucho más que los resultados de los filmes. El hecho de que Herzog pudiese contar con una star para la aventura de la realización de su Lope de Aguirre era un peligroso privilegio. Kinski nunca se acostumbró a la idea y jugó a hacerle la vida imposible a su director, de tal suerte que el amor y el odio se conjugaron de una manera visceral en los resultados de su ira. El coctel, sin embargo, resultó perfecto. Sin ánimo de equivocarme, creo que la mejor película existente sobre la conquista española en América es Aguirre, la ira de Dios, mientras no se compruebe lo contrario. Gracias a Kinski pero gracias, sobre todo, a esa vocación masoquista que consiguió Werner Herzog en sus imágenes, donde no había truco posible: la aventura de la filmación era la aventura de lo filmado. La aventura de los conquistadores era la aventura de Werner Herzog. Lope de Aguirre era Klaus Kinski. Y la música inolvidable del grupo alemán Popol-Vuh era la música de Dios que, seguramente, acompañó a los desquiciados españoles en medio de las selvas americanas.

Los años pasaron y el gusto por las películas de Werner Herzog se mantuvo intacto. Buscábamos sus títulos como fuera, porque a través de los circuitos comerciales nunca llegaron, salvo Nosferatu, el elegante remake del clásico de F. W. Murnau. Por nuestras pantallas apareció Corazón de cristal donde, según la leyenda, había participado un colombiano y en la que, supuestamente, todos los actores estaban hipnotizados. Gozamos con la Norteamérica de Stroszek y con la bella Isabelle Adjani en el citado filme de vampiros. Nos conmovimos con El país del silencio y la oscuridad y El éxtasis del tallador Steiner. Hasta que llegó Fitzcarraldo y otra vez el mundo se midió a otro precio. Había en Aguirre y en Fitzcarraldo la misma sensación que se tenía con las películas mexicanas de Buñuel: un europeo que corría el riesgo de quemar sus naves, con tal de interpretar a fondo el enigma latinoamericano. De nuevo, con Fitzcarraldo volvió la aventura de un rodaje que comenzó con Jason Robards y acabó con Klaus Kinski, que comenzó con Mick Jagger y terminó sin piedras rodantes. Una película de dimensiones totales, en la que se contaba la historia de un enloquecido soñador que decide llevar la ópera a la selva y termina haciendo cruzar un barco por encima de los árboles. Toda la gesta de su realización la disfruté fascinado gracias a Les Blank (el mismo director que había filmado a Herzog comiéndose un zapato) y su documental titulado Burden of Dreams (1982), donde volví a comprobar que la realidad, para el recio Werner, seguía siendo tan arriesgada y peligrosa como los sueños de la ficción. A mediados de los ochenta le perdí la pista a Herzog y llegué a pensar que se lo habían devorado los extraterrestres. Luego supe que había hecho una película en Nicaragua y que se había peleado con los sandinistas. Que había filmado en Australia, en fin. Pero será mejor darle paso a nuestra historia.

No me acuerdo muy bien cómo empezó todo, pero creo que el asunto se dio gracias al inmarcesible Salvo Basile. Para los que no lo conocen, Salvo Basile es un inmenso y adorable italiano que llegó a Colombia en los años sesenta, para la filmación de la película Queimada! de Gillo Pontecorvo, protagonizada por Marlon Brando. Se enamoró de Cartagena y de Jacqueline Lemaitre y se quedó entre nosotros para siempre. La filmografía de Salvo es más extensa que la de Griffith, y todo lo que ha pasado por el celuloide de extranjeros en Colombia ha pasado por sus manos de filibustero. Quien les escribe, por su parte, había nacido y vivía en Cali. Tenía 27 años y no me había suicidado. Las fechas se me confunden, pero estoy seguro de que los años dorados del llamado Cali-wood estaban en todo su esplendor. Yo había trabajado con Carlos Mayolo en La mansión de Araucaíma como asistente de dirección y nos sumergíamos en nuevas aventuras de celuloide. Hasta que, como caído del cielo, llegó Herzog a la capital del Valle. Hay una foto por ahí revoloteando en la que estamos Mayolo, Luis Ospina, el director alemán y quien les escribe, sonrientes, en una habitación del Hotel Intercontinental. Con Herzog fuimos a comer al restaurante Los Turcos. La misma noche de su llegada, nos contó la historia de Cobra Verde, la película que quería filmar en África y en Suramérica. No recuerdo las razones por las que había escogido a Colombia, puesto que la historia, en realidad, sucedía en Brasil. El hecho es que Werner Herzog estaba entre nosotros y había que ponerse a su entera disposición, porque cómo no. Después de la comida quiso ver fragmentos de algunas películas recientes colombianas. No había dormido, pero se quedó recostado, en la cama de Luis Ospina, mirando fragmentos, hasta que vio el inicio de La mansión de Araucaíma. De repente, se incorporó: quería ver la película completa. Se la pasamos. Eran los tiempos del Betamax. Cuando terminó, sonrió satisfecho y dijo: “Quiero el cuadro que aparece en los créditos. Y me encantaría que Mayolo hiciera un personaje en Cobra Verde”. También se entusiasmó con Mr. Fly, el protagonista de setenta años de Pura sangre. Herzog se fue de Cali y el flechazo ya estaba hecho.

Pocos días después supimos que los fragmentos colombianos de Cobra Verde se filmarían en Villa de Leyva, en Cartagena y en una hacienda azucarera del Valle del Cauca. Gracias a Salvo Basile se organizó “el cartel de Cali”, en el que trabajaríamos Miguel González y Karen Lamassonne en la dirección de arte y quien les escribe como asistente de dirección. Salvo (Basile) desapareció en los laberintos de sus propias aventuras y nos dejó como contacto directo al productor U. El guión de la película era un tratado de poesía pero uno no podía saber, a ciencia cierta, cómo iba a ser filmado. Años después vine a saber que estaba inspirado en el libro El virrey de Ouidah de Bruce Chatwin, escritor de viajes inglés muerto de la enfermedad de nuestros tiempos en 1989. El trabajo comenzó sin pérdida de tiempo. Una vez firmado el contrato había una serie de tareas muy concretas, entre las que se combinaba la consecución de las locaciones, la contratación de doscientos corteros de caña de azúcar, la búsqueda de un extra negro y manco, un violonchelo, una garza, otros animales exóticos y cientos de necesidades de color local. Pero el asunto se fue complicando con el paso de los días, cuando se supo que el protagonista de la cinta iba a ser de nuevo Klaus Kinski. Sí. De nuevo. El actor había sido el rostro de cuatro películas ya clásicas de Werner Herzog y, de muchas maneras, el uno se había hecho gracias al otro. Aguirre, Fitzcarraldo, Nosferatu y Woyzeck eran Herzog y eran lo mejor de Klaus Kinski. Pero por todas partes se rumoraba que el actor no se soportaba al director y que ambos habían decidido cancelar la colaboración. Sin embargo, no fue así. La película se empezó a filmar en Ghana, con Kinski en el rol de Francisco Manoel da Silva y, después de dos meses, toda la tropa estaría en Colombia.

Mayolo practicaba sus parlamentos en inglés con la colaboración de su novia Joyce Lamassonne, Miguel González conseguía el Museo de la Caña, Karen Lamassonne se encargaba de ponerse de acuerdo con la vestuarista Rosario Lozano quien, a su vez, peleaba a gritos en un alemán inventado con la histérica jefe de trajes llamada Gisela Storch. De un momento a otro, Salvo Basile, nuestro polo a tierra, se fue para África a domar a Kinski y los colombianos nos quedamos a órdenes telefónicas del productor U. Pronto nos dimos cuenta de que nuestro trabajo no sólo necesitaba controlar los detalles de lo que se vería en pantalla sino, sobre todo, de lo que estaba detrás de ella. Y lo que estaba detrás de ella se llamaba Kinski. Cada cierto tiempo nos llegaban las leyendas: Kinski se acostaba todas las noches con tres negras distintas. Kinski había asesinado un caballo con su mirada. Kinski dirigía la película. Kinski odiaba a todo el mundo. Kinski asesinaba un asistente de cámara cada dos días. Había que prepararse. Había que alquilarle un apartamento especial, para que destrozase todo lo que se encontrase a su paso. Conseguimos el penthouse de la Torre de Cali. Se necesitaba un carro con chofer sólo para él. Se consiguió un Cadillac último modelo, con un conductor de sumisión asesina. Yo había conseguido mi ejército de corteros de caña de azúcar y, para mi protección, me apoyaba en el temible Azcárate, conocido como “El Enmaletado”. El tiempo se redujo y, cuando menos pensábamos, nos cayó encima todo el escaparate de Cobra Verde.

Continua

PROGRAMACIÓN MAYO - JUNIO 2011

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martes, 10 de mayo de 2011

EL ABSURDO DE LA VERDAD EN EL LENGUAJE VISUAL

Johanna una de nuestras visitantes, escribió para nuestro blog un excelente artículo acerca de la verdad y la imagen.

No dude en participar usted también con textos para la sección "CINÉFILOS", serán publicados al instante.


Hablar del ser humano se presenta en la mayoría de los casos como un trabajo exclusivo de filósofos, antropólogos, psicólogos y un sin fin de teóricos que a través de elucubraciones construidas desde la misma academia pretenden explicar al mundo, a esos otros, a los cuales indagan, el por qué de su conducta y sus manifestaciones propias de “ser social”. Sin duda, sus investigaciones han dado fruto a un millar de paradigmas por medio de los que se viene pensando al hombre, pero ¿Qué sucede cuando trasladamos este debate sin tanta parafernalia y sin un conocimiento que se cree a su vez objetivo y totalmente científico, a un lenguaje más libre como el lenguaje visual, tomando en cuenta única y exclusivamente su contenido y mensaje? Además ¿Es valido hablar de objetividad – cientificidad al acercarse a una realidad tan basta, diversa y compleja cómo el ser humano y la multiplicidad de sus manifestaciones?

Creo firmemente que nada tiene que ver la objetividad en el hecho mismo de pensar y hablar acerca del “ser humano”, es evidente que cada quién tiene que decir sobre esta especie tan magnífica desde su propio sistema de valores. Para la muestra un botón, cuando hablamos de lenguaje visual hablamos de un espectro amplio y creativo, espacio construido desde la subjetividad del director y guionista que exponen en su obra todo lo que piensan acerca de su realidad inmediata proponiendo una nueva mirada sobre la misma, saltando con su imaginación a una diversidad de planos existenciales en los cuales deja fluir su mundo interior a través de la creación; atributo propio de todas y cada una de las elaboraciones artísticas.

Por tanto, ¿Por qué mirar la creatividad como un espacio sujeto al análisis de la verdad, cuando en la diversidad del mundo no cabría una sola verdad, sino verdades relativas? ¿Por qué no confiar en sí mismo para apreciar algo propiamente humano como una obra cinematográfica?, ¿Por qué descalabrase el coco pensando en verdades absolutas cuando se presenta ante nosotros algo que pareciera perturbador, pues no es normal dentro de lo que nosotros “suponemos normal”? ¿Por qué no simplemente nos enamoramos de la diversidad humana y la apreciamos tal como es, sin esperar que encaje dentro de nuestro sistema de valores occidental, que tiende a rebajar y juzgar como anómalo todo aquello que no quepa dentro su pauta cultural?

El lenguaje visual, en todas sus presentaciones tiene ese poder fascinante de encarnar nuestro mundo interior en cada una de sus creaciones, poniendo en tela de juicio nuestras verdades absolutas - histórica y culturalmente aprendidas -. Sin más ni más, esta es una invitación para gozarse el cine, sin descalabrarse ni perturbarse, ríase de usted mismo a través del él, goce de esa bendición de “ser humano” y su derecho irrefutable de pensar libremente.

Johanna Alzate Hurtado

jueves, 5 de mayo de 2011

EL ARTISTA "CUENTERO"

Siempre el cine será un pretexto. Un pretexto para soñar, para vivir, para entretener, para convencer y hasta para seducir. El cine nos hace comprender, en la complicidad oscura de la sala, asuntos a veces confusos o en apariencia evidentes. Obras de inconmensurable trabajo técnico y de planeación para darle una estructura a las ideas con imágenes, sonido y personajes.

Lástima que el trabajo del hacedor de cine, y por extensión el del artista, se haya convertido en pura experimentación, por pura intuición. En la actualidad, el arte se ha convertido o bien en un mercado de fantasías o en un simple ejercicio de convencer al otro de que soy más sensible y más profundo. Pero se deja de lado el elemento más importante que justifica todos esos adornos: la obra de arte. Pululan artistas (actores, pintores, directores, escultores, músicos, escritores) que viven y cobran del cuento, pero que nunca se han preocupado por el quehacer estético y artístico. ¿Qué demuestra su condición de artistas? El concepto pero no la obra. El cuento.

Hoy tendremos el placer de contar con uno de los mejores actores del cine contemporáneo, que a pesar de sus incursiones “hollywoodescas” cuenta con innumerables caracterizaciones, todas memorables. Su primera exploración a la dirección con “Buscando a Ricardo III” nos acerca al oficio (ese en el que hay que ensuciarse las manos para crear), de la actuación y del teatro. Al Pacino decide contar como se deconstruye y reconstruye una obra de Shakespeare y como se llevan algunas escenas al cine; aunque también nos demuestra con creces cómo es el proceso creativo e intelectual por parte del actor: un asunto íntimo y consciente de las bondades del cuerpo, la voz y la razón.

¿Quién es Shakesperare? ¿Quién es Al Pacino? La respuesta latente durante una hora y cuarenta minutos.

Nota: Hoy regalaremos dos entradas a dos suertudos cinéfilos, para la Feria del Libro al finalizar la función ¡Los esperamos!

lunes, 2 de mayo de 2011

¡Me gusta el cine!


¡Espectador asiduo del cine club Los Ojos este es un espacio para usted!

(Escriba sus opiniones, impresiones y aventuras cinéfilas, acá serán públicadas)


Por: Diego Romero

Tenía alrededor de 7 años, recuerdo que hacía con mi padre una fila muy larga en el centro de Bogotá, sabía que algo ocurriría, estaba muy ansioso pues era la primera vez que iba a cine, de un momento a otro entramos y todo arranco, nos sentamos en medio de una sala enorme, apagaron las luces, mientras pasaban los cortos la gente hablaba, otros seguían llegando, sonaban los paquetes de papas y de pronto la película inicio, “Halcon” protagonizada por Stallone, no recuerdo bien la historia pero sí que desde ahí siempre he sentido fascinación por el cine. He pasado por diversos intereses y gustos, tuve un momento en que rechacé todo lo proveniente de Hollywood y buscaba películas con contenido político; luego fui fiel seguidor del Dogma 95 que más que una propuesta cinematográfica la entendía como una posición social; después atrapado por un sentido nacionalista, decidí orientarme hacia el cine nacional, películas buenas, malas (bastantes por cierto) y de todo género pero que fueran Colombianas, por alguna razón sentía que eso me conectaba con mi identidad nacional; también hubo un periodo en que me atrapo el cortometraje, me agradaba la idea de lo inmediato, de ver una historia en minutos.

Ahora no soy tan exigente, consumo cine, sin excluir países, géneros, actores o directores, reconozco que toda producción tiene un objetivo, denunciar, cuestionar, enamorar, molestar, excitar, divertir, confundir, etc. Me gusta el cine, en general, y hoy, en vez de buscar un espacio lleno de contenido racional solo busco lo que se busca en cualquier expresión artística, sentir.

Me gusta el cine, y me enamore de él desde los 7 años, cuando descubrí que el cine era mucho más que una película.

martes, 12 de abril de 2011

LECCIONES DE PERIODISMO PARA VICKY DAVILA


Hiere susceptibilidades, da risa, molesta y hasta enerva. Sin embargo, es uno de los más influyentes líderes latinoamericanos (de los que hay buenos y malos), pleno de excentricidades y ratificado por sus electores elección tras elección. Sin embargo, su historia la conocemos sesgada, parcializada por los odios que él mismo despierta. Faltan piezas, muchas piezas; y entre ellas las que no se transmiten por el “Aló presidente” y que sí salen de su boca. Falta encontrase con él y la cámara para quizás entenderlo mejor.

Ese es el proyecto de Oliver Stone. Primero, lo intentó hacer con Yaser Arafat, Lo hizo con Fidel Castro y ahora lo hace con Chávez y sus amigos, los presidentes de ese socialismo moderno que viene despertando en Latinoamérica.

Más que un retrato y una apología a Chavez y su programa político, Oliver Stone cuestiona con este documental la mirada sosa y ofensivamente ignara que tienen de nosotros en el norte. Una imagen que se nutre, como en la primera secuencia del film, de un lenguaje lleno de desconocimiento sobre la realidad que día a día vivimos en Sur América. -El dictador Chávez consume cocoa (perdón coca) que le regala su otro amigo el dictador boliviano Morales -Dice la periodista de Fox News. Así se replica el mismo lenguaje y la misma idea superficial por todas las pantallas de incautos televidentes.

Y nosotros no nos quedamos atrás. En nuestro afán de ser “soñadores americanos”, imitamos los formatos informativos y vulgarizamos la noticia. Nos la entregan a medias, sin contrastes, sin fuentes y sin referencias. Por ejemplo, una “periodista” teatraliza la política y con sonrisas minifaldudas, recrimina (con un tono de voz infantil), las excentricidades de esos dictadores de la izquierda que tanto daño nos pueden hacer. Nos venden información como si la produjeran en serie. Nos agobian con realities y nos inundan de telenovelas. Lentamente nos vamos alienando de la misma forma que los norteamericanos: entre buenos y malos, entre terroristas y pacíficos, entre comunistas y demócratas.

Para que dejarse meter los dedos a la boca. Para que creerle todo a los grandes monopolios mediáticos. Hay que verlo, así no más, y sacar nuestras propias conclusiones.

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jueves, 31 de marzo de 2011

EL CIUDADANO FAKE



¿Que se puede decir de Orson Welles? Primero, que fue un amante de todas las manifestaciones artisticas. Desde su niñez, cada época contaba con un entretenimiento artístico y en cada uno el Sr. Welles se destacó. Fue músico, actor de teatro, titiritero, locutor y dramaturgo, para finalmente, “terminar” su carrera en el ecléctico mundo del cine. Su experiencia ya era suficiente para contribuir a una revolución en el séptimo arte.

Y lo hizo gracias a su obra maestra “El Ciudadano Kane”. Reconstruyó el cine, la estructura, el montaje, los planos y el papel crítico e histórico del cine al, subrepticiamente, contar la historia de uno de los grandes magnates de los medios americanos.

También fue una celebridad opípara y divertida. Gran conversador e ingenioso intelectual, Orson Welles dedicó su vida a los toros, a la gastronomía, las tertulias y a grandes proyectos cinematográficos; tan complejos que la mayoría quedaron inconclusos. Trabajaba en lo que fuera para lograr financiar sus aventuras como director de cine (¡dobló la voz de un transformer en la famosa serie animada!).

Su penúltimo largometraje es “F for Fake”. Casi después de una década de proyectos catastróficos para el bolsillo, Welles decide refrescar el documental con este experimento de montaje, verdades a medias y magia en imágenes. Allí el director, desde las primeras imágenes, de manera implícita y explícita, nos presenta el tema y el interés de su obra: comprender el fenómeno trillado de la “objetividad” y la “verdad” en el arte. No hay tal, nos dice desde un principio, todo es un juego de prestidigitación, una ilusión producto de la artista. El arte por y para el arte, independientemente de quien lo haga (¡¿?!).

Esta es su segunda obra maestra, de la que los críticos citan como el primer “Ensayo-Documental” y una referencia obligada para entender el ahora popularísimo “falso documental”. Una película inquietante, contada con propiedad y fluidez y significativamente provocadora para quienes son artistas por vocación, por moda o por negocio.



miércoles, 16 de marzo de 2011

PORNOMISERIA TEXTUAL y CINÉFILA


Tenga la bondad una leídita por amor a dios y cómpreme una boletica...

La tragedia excita. La pobreza se escurre entre los dedos. La desgracia se hace común, se hace viva y divierte (entre comillas o sin ellas). Los productores intentan terminar su película. Corren entre las calles y enfocan atrevidos. El carro avanza, -Eso pa’ que es –Pregunta el taxista. –Vamos donde las putas –Replica el productor.

Un hito del “documental” (también entre comillas), es la obra de los aún jóvenes caleños. Perdidos en las calles o tirando moneditas en La Rebeca bogotana, los vampiros realizadores, atacan a los niños y a los espectadores dentro y fuera de la pantalla. Beben un último sorbo de sangre zapatera y… -¿Quedó bien?” –Dice asfixiado por las mismas películas que lo retrataron y lo insultaron.



Y quedó muy bien. Tan bien, que hoy con más de treinta años a cuestas, esta película refresca y cuestiona. Refresca, porque con cáustico y oscuro humor, nos hace creer en un cine posible. En unas historias que aún no se han contado y que con la lozanía inmarcesible de un espíritu joven, todo puede hacerse, decirse y contarse. Por eso hicieron y siguen haciendo grandes estragos (incluso desde ultratumba) en las mentes de todas las generaciones esos mancitos caleños.

Cuestiona el oficio de hacer cine. Para quién se hace y qué hay que contar. Cuestiona nuestro papel de observadores incautos que frente a una pantalla, recibimos ofensas e insultos cada vez más insolentes, despreciables y en 3D. Críticos ausentes que alaban la “industria en efervescente ascenso” del cine colombiano. ¿Cuál industria? ¿La que mide calidad por numero de boletas vendidas? ¿La que eterniza en carteleras títulos entretenidos y denigra del resto, porque es puro “Cine Arte”? ¿La que empala la piratería y cobra por derechos de autor? O lo que es peor, ¿La que es apoyada por comentarios “espectaculares” de las presentadoras de farándula, áulicas y meretrices de monopolios económicos?

Agarrando público, es a lo que se dedican muchos en el cine colombiano… Agarrando y dejándose agarrar…


Colofón de protagonista:

“La parte que más me gusta es la sátira… La parte obscena… Porque la gente no se iba a imaginar de que iba a tener un lujo de que yo iba a pelar mi cuerpo y que me iba a limpiar con billetes… Como les decía yo soy el único hombre que me he limpiado con billetes, pero no sucios... acabaitos de sacar del banco"

martes, 8 de marzo de 2011

EL UBICUO PMF


Este JUEVES a las 6 y 30 PM en "Las Puertas": "UN TIGRE DE PAPEL" Dir. Luis Ospina.


Es la historia de todos. De quienes vivieron con intensidad el llamado revolucionario y la combinación de todas las formas de lucha. De aquellos que abstraídos por la psicodelia y el rock “sobrevolaron” las décadas más aceleradas de la historia reciente.

Es también la historia de los reticentes, de los acérrimos enemigos de la transformación que seguramente sintieron temblar sus sólidas bases institucionales (así fuera por pocos años). La historia de la Colombia-Goda acobardada por los artistas.

Incluso la historia de la nostalgia y la decepción postrera. De lo que pudo ser y nunca fue. El homenaje “póstumo” a la traición que muchos de los protagonistas se encargaron de consumar. Sólo hasta verse retratados por Luis Ospina y su Tigre, reconocen que incumplieron la promesa de juventud o que se les olvidó entre papeleos, burocracia y dinero. Ahora todo es un recuerdo, un parpadeo que desata imágenes… imágenes de archivo… imágenes en blanco y negro…

Sin embargo, sobreviven verdaderos artistas que no se anclaron al pasado (como Ospina, Mayolo, Hernández), que quizás fueron más visionarios y cumplieron con mesura y poesía, el tributo a sus días de colores. Que fueron más allá y le dejaron a la generación de la nada: ¡la nuestra!, un testimonio lleno de sonrisas, historia y “falsedad”

Y una nueva desazón: “¿Qué nos queda?”




jueves, 3 de marzo de 2011

"TE VOY A DICTAR UN CHORIZO"

"y ahora toma aire Peñaranda, contén la respiración, ármate de paciencia, papel y lápiz y ábrete párrafo aparte que te voy a dictar un chorizo (con la voz de Sandro Romero), lo que este libro (y este documental) al terminar ha de ser...


- Un fragmento de lo que se viene esta noche en "Las Puertas" a las 6 y 30 PM-

viernes, 25 de febrero de 2011

PROGRAMACIÓN 2011 EN "LAS PUERTAS"

A pesar del tiempo y de lo fugaces que podemos llegar a ser... REGRESAMOS (¡por segunda vez!) el jueves 3 de MARZO. Gracias a la sugerencia de Hugo y a la eterna fraternidad de artista de Pacho, tenemos el gusto de esperarlos en LAS PUERTAS este y todos los JUEVES a las 6:30 pm.

No habrá boletas, covers o consumos mínimos. Sólo contamos con nuestra pasión cinéfila y su asistencia para que disfrutaremos una buena película (¡garantizada!) en compañía de todos los amigos del buen cine.

Aca la programación (click sobre la imagen para agrandar).



lunes, 14 de febrero de 2011

VALLEJO INDÓMITO


Vallejo el eterno, el tierno, el visceral es escuchado por Luis Ospina. Ospina lo recorre, lo rueda, lo revive (hasta en su propia familia). Vallejo escupe, resuena en el teatro y su voz huye entre las sillas para que muchos la atajen y jueguen con ella. Y siempre jugamos con ella, nos divertimos con sus insultos y secretamente queremos más. Que haga algo frente a la cámara de Don Luis, que insulte a otro más, que escriba otra carta, que le lave los dientes al perro, pero que no se le acabe el fuego.

No sólo está en los libros (que pocos conocen o leen) ni en los discursos anuales que ahora atiborran auditorios; está también en la grandiosa “Desazón suprema” con sus miradas de viejo triste, calmado y delicado. Ahí queda Vallejo, entre los cortes a negro y las letras blancas del montaje fluido y musical de Rubén Mendoza (La sociedad del semáforo) y la voz acompasada del otro socio de Don Luis, el profe Sandro Romero.

Vallejo está "de moda", Vallejo el superstar, dice Sandro, Seguirá rondando auditorios y cineclubes porque la cuerda no se le ha acabado así él diga lo contrario.

jueves, 3 de febrero de 2011

RESTREPO (cuento-reseña)



Dos niños pudieron ver el documental “Restrepo”. El primero es un pequeño afgano que coincidencialmente ha salido del valle donde se filmó la película. Allí fue testigo de cómo, y de a pocos, fueron llegando las tropas norteamericanas a su tierra. Escuchó como intentaban vender una campaña antiterrorista bajo el pretexto de construir una carretera. También, vio en el rostro de los intrusos el miedo, la soledad y la angustia de la muerte. Estaba seguro que ellos sentían lo mismo que su pueblo, y quizás mucho más.

Escuchó las bombas en la noche y se divirtió con las luces surcando el viento hacia las trincheras enemigas. Una sonrisa se dibujo en su rostro. Un año después salió a despedir los helicópteros que en medio de los huracanes de arena, abandonaban despavoridos ese valle de la muerte.

Cuando estaban lo suficientemente lejos, se arrodilló e hizo una plegaria a su Dios. Aunque tarde, al fin había respondido sus plegarias. De las casas y las montañas salieron viejos afganos que disparaban al aire sus fusiles AK.

El otro niño era del estado de Utha. Hijo de mormones y granjeros, el niño trasnochó para ver por televisión el documental que transmitiría la Nacional Geografic. Emocionado, vio por la pantalla como los jóvenes soldados luchaban bajo fuego infame defendiendo al mundo de la amenaza terrorista.

El niño de Estados Unidos vio el despliegue de tecnología, de armas, de uniformes. Se entusiasmó con la forma como desde lo alto del Puesto de Operaciones Restrepo, los valerosos soldados disparaban ráfagas infinitas sobre los subversivos terroristas. Sin duda, quedó absorto con los relatos de los soldados que ofrecían su vida por la libertad; una libertad que bien conocía desde la escuela. Fueron pasajeros, casi inadvertidos por el niño, los pocos momentos en los estos militares dejaban filtrar ante la cámara la locura de la postguerra.

Mientras el niño afgano sonreía, el niño norteamericano lloraba con la muerte (casi frente a la cámara) de un oficial muerto en una emboscada. Casi no se inmutó con las secuencias previas de un bombardeo sobre ranchos afganos en el que mueren “colateralmente” algunos niños y hombres.

Cuando se fueron los militares, el niño afgano continuó su vida como pastor. Cuando terminó la película, el occidental se acostó en su cama, miró la bandera ondeante y suspirando, deseó que hubiera una guerra cuando estuviera grande y así defender a su país.

Nota: Queda pendiente la forma como los jurados del festival de Sundance reaccionaron también ante el filme, pues fue premiado por ellos como mejor documental en el 2010.

viernes, 28 de enero de 2011

¿Queremos mierda? o "La Guía del Cine Perverso" de Zizek

En los sórdidos coloquios organizados por la “crítica” (mal llamados “terulias”), es frecuente escuchar altisonantes comentarios inspirados en la lectura de un clásico, una exposición o un concierto. En muchos casos, dichas declaraciones son más un producto de la ficción del crítico que traduce sus ideas en un discurso rimbombante y carente de sentido. Peor aún cuando el crítico utiliza su forzada retórica y la voz alta, no para reflexionar sobre la obra imperfecta de, por ejemplo, una joven estudiante de literatura, sino con el propósito de algún día abrir las piernas de esa sexy escritora-estudiante. Pero eso es harina de otro costal.

En muchos de esos espacios (donde se mezcla la erudición repulsiva y el deseo más pueril) es posible, ver los ardides más ilusos en torno a la conquista, escuchar sentencias determinantes acerca de la obra de arte, sus simbolismos, la idea del autor, la paratextualidad, lo implícito, la técnica, el problema de la estructura, la profundidad, la verosimilitud, la ortografía, el uso del color, la sintaxis... y demás patrañas que no son otra cosa que hablar lo que se pueda de una obra de arte, eso sí, sin olvidar que el pretencioso vocabulario es el que “cautiva” a la audiencia y convence al hombre de a pie.


He escuchado teorías ingenuas, posiciones despectivas, ideas comprensivas y lo que es peor: cientos de significados inherentes al psicoanálisis y a todas sus posteriores variables, al momento de interpretar una obra de arte. Sin embargo, ninguna ha calado hasta la fecha con más fuerza que la visión del cine que me ofreció “La guía perversa del cine” presentada por Slavoj Zizek.

Nunca aburrido o retóricamente denso, Zizek de la mano con esa voz seseante (con mezcla de lenguas eslavas e inglés) nos presenta una visión divertida del psicoanálisis y el cine (¡Claro que puede haber una visión divertida!). Desde las más evidentes para dicho análisis como “Vertigo” y “Psicosis” de Hitchcock o las películas de David Lynch, pasando por “Matrix” (¿?!!), Bergman, Chaplin y más (pero mucho más).

Un recorrido que no aburre, pero que hay que ver con el “Play/Pause” del dvd. Tres partes interesantes sobre el problema del cine desde el psicoanálisis, que envidiaría cualquier pseudocrítico, no por lo trasgresor de las ideas, más bien por lo “alegre” que puede ser interpretar una obra de arte para Zizek.


Para recordar: La explicación del deseo y el cine realizada desde la comodidad de un inodoro.

Al margen: La escena donde Zizek habla de los tulipanes y su forma aterradoramente “vaginoide”.

Para leer: Acá les dejo algunos fragmentos de lo dicho por el presentador de la película.


¿Queremos mierda?

"Cuando un objeto fantaseado, imaginario, proveniente del espacio interior, ingresa en nuestra realidad, la textura de nuestra realidad se distorsiona.

Es así como el deseo se inscribe en la realidad: distorsionándola.
El deseo es una herida de la realidad.
El arte del cine consiste en despertar deseo... para jugar con él,
Pero, al mismo tiempo, manteniéndolo a una distancia prudente,
domesticándolo, haciéndolo palpable.

Cuando nosotros, espectadores, nos sentamos en una sala de cine
y miramos la pantalla

¿No estamos a fin de cuentas mirando el retrete a la espera de que algo emerja de él?

Y la magia del espectáculo que transcurre en la pantalla ¿No es acaso una seducción decepcionante que intenta disimular el hecho de que básicamente "queremos mierda"?

Matrix

"¿Por qué la Matrix necesita nuestra energía? Creo que es mejor invertir esta pregunta: No "¿Por qué la Matrix necesita la energía?" sino "¿Por qué la energía necesita de la Matrix?"

Es decir, considerando esta energía como libido, como nuestro placer. ¿Por qué nuestra libido necesita del universo virtual de la fantasía? ¿Por qué no podemos disfrutar "directamente" de un partenaire sexual? Ésa es la pregunta fundamental. ¿Por qué necesitamos de este suplemento virtual?

Nuestra libido necesita de la ilusión para sostenerse a sí misma".

Psicosis

"La escena más eficaz, e incluso la más conmovedora de "Psicosis" es, luego del asesinato en la ducha, cuando Norman Bates limpia el baño.
Recuerdo que durante mi adolescencia, cuando vi la película por primera vez, me impresionó no sólo el largo de la escena...la escena dura casi diez minutos
Detalles de limpieza, etc... Sino sobre todo el cuidado y la meticulosidad Y en especial nuestra identificación como espectadores.

Esta escena nos dice mucho acerca de la satisfacción del trabajo
De un trabajo bien hecho.
No tanto en el sentido de construir algo nuevo Sino el trabajo humano en un nivel abstracto, primordial: el trabajo de limpiar los rastros de una mancha.
El trabajo de limpiar las manchas y mantener a un lado ese mundo oscuro Que todo el tiempo amenaza con devorarnos.

Esta es precisamente la sensación que suelen generar los films de Hitchcock.

No se trata de que algo horrible suceda en la realidad. Algo peor puede suceder, y esto parasita el tejido de lo que percibimos como realidad".


Nota del autor: También susceptible de análisis freudiano el segundo párrafo del presente texto

VIDEO PRESENTACIÓN

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