
Y lo hizo gracias a su obra maestra “El Ciudadano Kane”. Reconstruyó el cine, la estructura, el montaje, los planos y el papel crítico e histórico del cine al, subrepticiamente, contar la historia de uno de los grandes magnates de los medios americanos.
También fue una celebridad opípara y divertida. Gran conversador e ingenioso intelectual, Orson Welles dedicó su vida a los toros, a la gastronomía, las tertulias y a grandes proyectos cinematográficos; tan complejos que la mayoría quedaron inconclusos. Trabajaba en lo que fuera para lograr financiar sus aventuras como director de cine (¡dobló la voz de un transformer en la famosa serie animada!).
Su penúltimo largometraje es “F for Fake”. Casi después de una década de proyectos catastróficos para el bolsillo, Welles decide refrescar el documental con este experimento de montaje, verdades a medias y magia en imágenes. Allí el director, desde las primeras imágenes, de manera implícita y explícita, nos presenta el tema y el interés de su obra: comprender el fenómeno trillado de la “objetividad” y la “verdad” en el arte. No hay tal, nos dice desde un principio, todo es un juego de prestidigitación, una ilusión producto de la artista. El arte por y para el arte, independientemente de quien lo haga (¡¿?!).
Esta es su segunda obra maestra, de la que los críticos citan como el primer “Ensayo-Documental” y una referencia obligada para entender el ahora popularísimo “falso documental”. Una película inquietante, contada con propiedad y fluidez y significativamente provocadora para quienes son artistas por vocación, por moda o por negocio.
